El español, en una espectacular final, recortó 17 segundos en cuatro giros. Cazó al Ferrari en la última vuelta y terminó levantando de los asientos a la afición española, encantada con la remontada tras un domingo que comenzó a golpes en la parrilla.
Un leve detalle desencadenó una tormenta de choques y fibra de carbono. Fernando Alonso protegió con ímpetu la sexta plaza en la primera curva de Montmeló. Salía octavo, por lo que la conquista le sabía a dulce. Apuró la pista defendiendo la posición ante el Williams de Nico Rosberg, también lanzado en la escalada. El joven alemán piso la tierra y al regresar por las bravas, provocó una brusca maniobra de Jarno Trulli y un choque de los vagones traseros. Caos en los primeros metros. Coche de seguridad a la pista.
Los nervios y la gran igualdad de la clase media provocaron un arranque estresante que fue domado por el Mercedes plateado durante cuatro vueltas. Cuando finalizó su labor, los Brawn GP se lanzaron a por su cuarta victoria del curso. En el equipo revelación, era Rubens Barrichello quien mandaba entonces, tras sobrepasar a Jenson Button bajo el semáforo. Después, 62 vueltas para disfrutar de su insultante dominio en la actual Fórmula 1. Cada uno con dos estrategias distintas (el brasileño a tres paradas y el inglés a dos) se colocaron en las dos primeras posiciones del podio, el segundo doblete dorado del genio Ross Brawn.
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